viernes, 23 de abril de 2010

HISTORIA DE UN CONFLICTO EN EL MUNDO

Si, había estado por tres horas en la biblioteca esperanzado a verla de nuevo sentada en esa misma mesa, donde había estado todas las tardes de este mes, hoy es 25 de noviembre, el día 3 de este mismo mes recuerdo que fue el primer día que la vi entrando por esa gran puerta que abre para entrar a esta morada, ese día portaba un pantalón de esos que se usan debajo de la rodilla del cual no recuerdo bien su nombre, traía unas zapatillas y una blusa verde ecua ò verde mar Caribe, la verdad soy malo para distinguir los colores, no desearía ser daltónico, en fin eso me pasa solo en repentinas ocasiones.


El 4 de noviembre, llego con un vestido y abrió el mismo libro que estuvo leyendo hasta el 14 de noviembre, muy interesante pudo haber sido pues sentí que lo había leído como 3 veces, era el libro de El retrato de Dorian Grey, si, el mismo que Oscar Wilde escribió, yo ya me hubiera aprendido a detalle todo lo que me hubiesen mencionado ahí. el 12 de noviembre fue el dia mas importante para mí, pues desde la mesa donde se sentaba lanzo una mirada hacia mi banca, yo sentí morir en ese momento pues no distinguía bien si me estaba mirando a mí, ¿el problema de miopía en mis ojos era tan grande?..... Tal vez pues realmente no pude ver si su mirada era directamente a mi persona, mas sin embargo yo eso lo había sentido, fue desgarrador, un cosquilleo se adentro espectacularmente sobre mí, sentí el corazón latir a una gran velocidad, las punzadas en mi signos vitales era demasiado rápidas; ¿quién era esa linda niña?


el día 18, le escribí un poema, no soy muy buen escritor de eso ya me había percatado, no vengo a leer a la biblioteca poemas de Pablo Neruda, Amado Nervo ò Adolfo Becquer, y no me pasaba las noches escribiendo o declamando para ser el mejor en poesía; no estamos en los setentas son los noventas y hoy en la actualidad nadie viene a la biblioteca a buscar poesías, ahora la poesía la puedes encontrar en cualquier lugar a párate de un libro, por eso hay miles de cantautores que han vendido millones de discos en todo el mundo; lo mío era la geografía y nada más, mi padre es geógrafo y marinero, igual su padre, que a la vez su padre fue capitán en la segunda guerra mundial de la milicia naval de la Gran Bretaña, no se i sea por mis ancestros británicos, pero yo siempre he querido dedicarme a eso, pero aparte de la geografía tenía ya otra cosa del por qué venir a esta biblioteca, había encontrado a esta hermosa niña. Que ese mismo día 18 de noviembre vestía con un overol que le llegaba solo un poco arriba e la rodilla, era color azul y su blusa era blanca, me dio mucha risa su overol pues traía esa simpática carita en color amarillo que siempre se está sonriendo esa que dio tanta fama desde años taras, se veía hermosa, paso solo por atrás de mi y sentí que me toco el aire que aventó su caminar. Sentía como una ráfaga de sanaciones jamás antes exploradas se adentraban a mi ser.


pero bien hoy 25 de noviembre, voy por la cuarta hora de estar aquí esperando a que hiciera su entrada triunfal, había 15 pasillos en esta gran biblioteca de la ciudad, todos los libros de geografía mundial los había ya devorado, los atlas, libros de las naciones del mundo, y otros cuantos de las guerras mundiales; ahorita me disponía a leer la pagina 238 de el atlas furtivo, un libro de Alfred Bosch, era una especie de novela que me había mantenido entretenido todos los días después de la secundaria; cuando de pronto que aparece ella, mis lentes habías estado intactos desde que había llegado a leer este día a mi mesa favorita en la cual la había mirado todos estos días, así que los tome para poder verla bien, no acostumbraba a ponérmelos mientras leía, ni de hecho nunca solo cuando jugaba los videojuegos que tanto me gustan.


ella era, simpática, muy atractiva al ojo humano, vestía un pantalón muy entallado color azul, traía una blusa color amarillo, era la niña más hermosa que yo pudiese haber visto algún día, era ten hermosa que ni siquiera la podría describir en este momento, reflejaba una gran felicidad, pues entro riendo a la biblioteca, e hizo lo mismo, se registro en el libro donde todos se llegaban a registrar, y se sentó en su misma silla y en su misma mesa, esa que había usado desde el primer día en que la vi. Yo seguía leyendo mi fantástico libro pequeño y amarillo que en este entonces se impregnaba de sudor que sacaban mis dedos por nerviosismo que traía. me acomode un poco mis grandes lentes y me acomode el pelo, me pare y estaba decidido a caminar hacia ella y preguntarle su nombre, hablar un poco con ella y conocerla, me pare acomode un poco mi suéter que en ese rato lo traía amarrado a mi pecho, me arremangue las mangas de mi camisa, me abroche las cintas de mi zapato derecho y camine todo el pasillo para llegar hacia ella, no era tan lejos el trayecto tenía que pasar verticalmente por los pasillos que se encontraban horizontalmente, en el corredor se podía ver los temas de los libros que se encontraban en los pasillo, vi los anuncios de los animales, algebra, biología, química, estaba a 10 metros de ella, el corazón latía mas rápido, mis manos empezaban a temblar, no la dejaba de ver y ella no dejaba de ver una libreta que centena sus notas, estaba aun más cerca de ella, 6 pasos me separaban de esa hermosa niña, de pronto ella volteo, si pero al ver que era llamada por la bibliotecaria que alli rebajaba, le dijo

-señorita, aquí está el libro que me pidió- a lo que ella respondió muy cordialmente
-se lo agradezco mucho, lo había buscado por siglos- nadie buscaba un libro por siglos, pero eso que importaba tenía una voz increíble, un acento hermoso, pase de largo y me cole hasta el baño de hombres, no me detuve ni siquiera para ver, que más se decían ella y la señora bibliotecaria; cuando salí del baño, no estaba ella, pero si sus cosas una morral donde llevaba todas sus cosas, 2 libros y su libreta color morado que siempre traía, pase rápidamente por ahí y me senté en mi silla, volteaba para ver si la podría ver en algún lugar de los que alcanzaba a ver, y no, no se encontraba, hice como si estuviese leyendo cuando de pronto:


-hola, me he dado cuenta que te gusta la geografía, ¿has leído este libro?- era el libro de los planetas de galileo, ya la había leído pero en ese momento no sabía que contestar, la hermosura de su cara me había dejado perplejo. Era ella y me estaba hablando a mí, ¡me estaba hablando! A mí, ¿a mí?, ¡si a mí!
-no mm no lo he leído, gracias se ve interesante- lo dije tartamudeando mientras me miraba con sus hermosos ojos
-te lo recomiendo es muy bueno- y así de la nada se alejo, guardo sus cosas y salió de la biblioteca


era el encuentro mas rápido y mas fantasiosos que me hubiese imaginado de amor en toda mi vida, había quedado enamorado de esa hermosa niña, el libro lo lleve a casa, solo esperaba que al dia siguiente ella fuera otra vez a la biblioteca para verla y decirle lo hermosa que era.


encontraba solo, afuera de la biblioteca con ansias de entrar, cuando lo hice inmediatamente me asome a ver su mesa y ella se encontraba allí, en su misma silla, mire mi silla y estaba ocupada, había llegado un poco tarde, así que decidí ponerme aun más cerca de ella a tan solo 2 mesas de su hermosura, y a los 4 minutos que me encontraba sentado nuestras miradas se cruzaban una a otra, pero en cuento me ponía nervioso volteaba y esquivaba su mirada y veía unos cuadros que decía guardar silencio y otros tantos de unos personajes animados de unos ratones de biblioteca, en menos de lo que me esperaba y sin saber cómo estaba parada frente a mi silla, mira te tengo otro libro interesante, este era de Copérnico un clásico de la literatura de los "asteroides y planetas",


-mi abuelo solía leerlo siempre, lo traje de mi casa y pensé que sería importante para ti- me lo dijo con una suavidad y tranquilidad que ni siquiera se lo que le respondí ese día, también lo había leído ese libro ya, era muy interesante lo que se decía en el.


y así paso por 5 días, ella me dio 5 libros y todos los lleve a casa, el 30 de noviembre, ya había vuelto a mi lugar favorito, había estado tan feliz estos últimos días que ya nada importaba solo quería verla de nuevo, no me había decidido a declararle ya todo el amor que sentía por ella, y pensaba todas las noches si lo que yo sienta podría ser reciproco, así ella sentiría lo mismo por mi, cuando pareció, desde el día de antier había empezado a hacer un gran frio en la ciudad, vivíamos en el sur de México en el estado de Nayarit, estábamos pegados a la costa y no hacia mucho frio aun en temporada invernal, ese 30 de noviembre llovía, ella entro y traía consigo un paraguas y un impermeable, se veía triste, sus ojos estaban llorosos los vía mientras se sentaba en su silla, saco su libreta y con un llanto inconsolable empezó a escribir en una hoja de su libreta, a los 2 minutos entro un joven alto con dotes de seguridad y grito


-¡Amanda!- su grito fue tan fuerte que todos en la biblioteca voltearon -¡ven Amanda llego la hora!
-ella se paro y corrió hasta la puerta- tomo sus cosas y llego hacia donde estaba el joven


salieron y vi como iba inconsolada llorando hacia la puerta, pero... ¿qué? se había caído la hoja donde estaba escribiendo aquella carta, imagine que era importante y corrí a recogerla, la tome y así a esa velocidad, corrí para alcanzarla y entregarle la hoja con el escrito, vi que acelero un carro blanco a donde imagina que había subido ella, y así acelere tras de el por la acera de la calle, vi que el semáforo esta en verde así que tenía una posibilidad de que en la siguiente esquina podría tocarle la luz roja al conductor y así que parara para yo darle lo que Amanda había olvidado, corría y en un momento pude resbalar, en este lado del país cuando llueve en las épocas de diciembre es muy fuerte la lluvia, no pensaba en nada solo en que ya conocía su nombre, nunca se lo había preguntado, se empezaron a escuchar truenos y un relámpago me cegó por un momento, mis lentes cayeron pero no tenía el tiempo para parar y recogerlos, estaba empapado, la luz del semáforo estaba en color amarillo mi suerte estaba en el, al entregarle la hoja imaginaba que Amanda me lo agradecería de por vida, sentía la hoja que ya estaba empapada de agua como yo, no importaba nada en ese momento, de pronto el carro blanco se paso el ámbar por la calle que se encontraba horizontalmente a donde yo estaba cruzando, pues para mi estaba intentaba cruzar el rojo pues el carro que seguía con manda cruzo el semáforo en amarilla, la calle estaba muy resbalosa, se escucharon claxon como si estuviesen llamando a alguien, cada vez mas carros, se escucho un grito de una mujer, y un carro patinando, no sabía lo que me esperaba.


Ese día fui golpeado por un vehículo que iba a gran velocidad, cuando caí se golpeo mi cabeza en el asfalto, al instante mis signos se debilitaron, no pude entregar mi carta, pero aun, no pude decirle a mi dulce Amanda, lo emocionado que estaba por conocerla, y el amor que sentía por ella desde el primer momento en que la vi, ella no vio lo que paso, tenía tanta prisa el conductor del carro en el que iba que nunca voltio atrás, cuando ella volvió a la biblioteca yo ya no estaba, al no encontrarme, me busco en el libro de visitas, donde apuntábamos todos nuestros datos cada vez que llegábamos a la biblioteca fue hasta mi casa y hablo con mi madre, ella le dio la noticia de lo que había pasado, Amanda salió con los libros de mi casa, si, los mismos que me había prestado, pues aparte de esto 4 eran de la biblioteca pública, ella llego a la biblioteca, y ojeo las paginas, algo que yo no hice pues lo había leído ya todos antes, cada libro traía 2 notas, que ella misma había puesto, en esas notas me declaraba su amor, y me declamaba un poema diferente, ella había estado enamorada de mi desde el primer momento, así como yo, y ella me lo había confesado en esas notas que había puesto en los libros, yo, yo nunca lo supe y nunca le dije que el sentimiento era reciproco.


recuerdas la rata que estaba escribiendo Amanda, aquella que tiro ese día en la biblioteca y que yo corría para entregarla, era una carta para su padre, pues los dos había discutido, ella no pudo darle la carta, pues el joven que entro ese día a la biblioteca era su hermano y le dijo que había llegado la hora de la muerte de su padre, Amanda no pudo darle esa carta así como tampoco pudo decirle que lo amaba, cosa que si hizo con migo, y nunca lo vi, nunca le dije que la amaba como ella me amaba a mí.

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